entrevista en diagonal
Buenas, mientras andamos por méxico con el proyecto Calavera/Carabela os enlazamos esta breve entrevista que el periódico Diagonal realizó a Jaron con motivo de su participación en la sesión “lugares y modos de producción” del taller Atravesad*s por la cultura en Madrid. También hay una versión más larga que postean en el blog de Atravesad*s
“La cultura al servicio de la economía es un proyecto de gobierno de la ciudad”
A su paso por Madrid en los talleres Atravesad*s por la cultura, charlamos con Jaron Rowan, de la productora cultural YProductions, donde investigan cómo se entrecruzan sujetos, dineros, ciudades, política y cultura
DIAGONAL: Se oye hablar mucho de cultura e innovación…
JARON ROWAN: Desde YP hemos realizado una investigación en la que hemos visto por un lado una “cultura de la innovación”, esos planes-ciudad, planes-barrio, que intentan aunar la economía y la cultura con una clara visión instrumental. Se trata de un proyecto de gobierno de la ciudad, que busca generar una sociedad más imaginativa para generar crecimiento económico. Por otro lado, vemos una “cultura innovadora” que sólo significa novedad o transgresión. Y por último, nosotros hablamos de tramas y colectivos autoorganizados, capaces de generar cultura, lo denominamos innovación “emergente”.
D.:¿Qué políticas públicas existen?
J.R.: En los años ‘80 empieza un debate que dura hasta hoy sobre la cultura como derecho; los movimientos sociales (feministas, étnicos) empiezan a cuestionar al Estado “de hombres blancos” como garante del acceso a la cultura. Y justamente tenemos un discurso neoliberal emergiendo que ve la cultura como un recurso y que dice que en vez del Estado sean empresas las que proporcionen productos culturales y que la gente vote con su bolsillo. Iniciativas públicas buscan que personas o asociaciones que estaban generando cultura pasen a ser empresas culturales. Esto siempre es a costa de privatizar su conocimiento y de sustraerlo de la cuenca en que lo han producido. Y esa idea de cultura va comiéndose lo que era la idea de la cultura como derecho. Tenemos unas políticas culturales muy mal pensadas, el Estado piensa qué le falta a una ciudad y lo intenta proporcionar, pero en detrimento de mirar qué está pasando y cómo se puede ayudar a que eso siga pasando; no premian lo que está pasando de abajo a arriba, ni construir un contexto cultural fuerte en vez de un contexto cultural llamativo, ni premian crear un dominio público rico y accesible. Nos interesa pensar qué política pública favorecería eso.
D.: ¿La creatividad social?
R.W.: Sí, las empresas empiezan a captar estas formas de creatividad social, las ideas que surgen, y las convierten en productos, las llevan al mercado y lo comercializan. Ser conscientes de que somos productores, de que generamos riqueza, pero no capitalizarla implica que alguien lo está haciendo en detrimento de nosotros mismos. Trabajamos más horas que las ocho de nuestros padres y abuelos, tenemos una carga enorme de responsabilidad y hemos pulverizado todas las ganancias sindicales. Tenemos que pensar cómo generar canales para que ese conocimiento vuelva, hablamos de dominios públicos, de instituciones de lo común, que permanezcan abiertas a la gente pero que también devuelvan lo que está generando la gente. Sabemos que no queremos entrar en cierta economía de la cultura y si no queremos que se base en la propiedad intelectual, todo esto lo tenemos que resolver nosotros.
D.: ¿Podrías poner algún ejemplo de esas políticas públicas aplicadas a la ciudad?
R.W.: El caso paradigmático sería Barcelona ‘92, cuando se ponen al servicio de la ‘gobernanza’ de la ciudad todas las industrias de diseño y la imaginería, lo audiovisual, para generar esta imagen de ciudadano feliz que quiere ser voluntario, para eso hay muchas campañas de diseño, muchos ecos. Es una orden que viene desde arriba. En Barcelona las instituciones han sido desde mediados de los ‘90 siempre superporosas, podías ver gente de la escena alternativa desarrollando proyectos en ellas. En Madrid nos encontramos que no hay esa flexibilidad; el “paseo de los museos”, generar un paseo del turismo cultural, es una forma de gobierno muy antiguo. Aunque sí hay cambios, por ejemplo, si miras el Círculo de Bellas Artes hace 10 años y ahora, en estos momentos hay gente que podría estar facilitando entrar nuevas líneas…
D: ¿Por qué se apoyan los Planes de Emprendizaje, basados en políticas que premian que los sujetos culturales sean empresas culturales?
R.W.: En estas industrias creativas somos trabajadores autónomos, freelances, todos los que estamos pululando en economías semiformales. Estos Planes, ante la incapacidad de generar empleo, sacan a mucha gente del paro. Más de fondo, se fomenta una especie de empresarialización de la sociedad, de las personas, para que todos seamos y pensemos como empresas. Somos un inmenso departamento de Investigación y Desarrollo externalizado.
Por otro lado, la gente se mete en estos planes porque estamos muy jodidos, pero se vive con muchas contradicciones: ¿es por vocación o por necesidad?, “creatividad versus gestión”. La autonomía y la libertad entran en crisis cuando tienes que generar beneficios…
MÁS INFO
TODAS LAS INVESTIGACIONES DE YPRODUCTIONS EN: http://www.ypsite.net/
LOS PRÓXIMOS TALLERES DE ATRAVESAD*S POR LA CULTURA: http://atravesadasporlacultura.word press.com