Personas, deficiencias sectoriales y política
Los acontecimientos que se están dando actualmente en el contexto cultural barcelonés vaticinan lo peor y son primos hermanos del horror. Y no solo porque el brazo político se ha alargado para mover fichas a su antojo en el Centre d’Art Santa Mònica, sino por la falta de reacción por parte de quienes conformamos el tejido cultural y artístico de la ciudad. Pocas son las posturas explícitas y muchas las declaraciones plagadas de rencillas y presunciones que distan mucho de enfrentarse al que es el verdadero problema. Lo que se está construyendo como telón de fondo va más allá de si Ferran Barenblit deja o no el CASM y si la línea que ha llevado el centro es peor o mejor o bebe de aquí o de allí. Esto sólo puede darse si pensamos en nuestros propios intereses y no en los del sector y si nos fijamos en las personas y no en los cargos que ocupan y lo que representan.
Poco nos importa si es clarísima o ficcionada la contrastada validez de Vicenç Altaió para dirigir el nuevo Centre de Cultura, Pensament i Comunicació. Lo que realmente es preocupante es que toda esta operación se haga con maniobras que aquí y ahora, con todos los debates ya maduros sobre la instrumentalización de la cultura para fines políticos, solo pueden parecernos de otra época. Aquella época en la que los cargos en las instituciones públicas en materia cultural eran señalados a dedo, ya que iban a responder a una línea política afín al ser divino e incuestionable que tomaba semejante decisión. Si esto se hizo para designar a Barenblit y nadie reaccionó, pues no es precisamente un argumento para corroborar que el procedimiento actual es correcto, sino para darnos cuenta de hasta qué punto este tipo de políticas se llevan a cabo bajo nuestro consenso tácito. Las declaraciones y decisiones del conseller Treserras muestran el profundo desconocimiento (o un tremendo e interesado desinterés) sobre los debates que en materia de políticas culturales se han dado en el sector. Más grave es que la preocupación de los agentes del sector se descubra en conclusiones como “por lo menos van a hacer otro centro de arte” o “lo del nuevo centro de cultura no está mal visto lo que había”. Todo esto nos deja atónitos. ¿Hace falta un nuevo centro de cultura en la ciudad? ¿Fue buena o mala la línea curatorial de Barenblit & Cia? ¿es Vicenç Altaió el más indicado para ese nuevo centro?. Sinceramente, estas son preguntas cuyas respuestas cada una puede responder para sí misma o comentarlas en un bar, pero ni mucho menos son las que políticamente tienen más trascendencia.
Estamos frente a una operación cuyas decisiones se basan en una política de hechos consumados.Nos encontramos frente a una inversión del orden lógico de las cosas que no tiene parangón. Si la sociedad civil considera que es necesario un centro de cultura y pensamiento, si existe una demanda social, se plantea y discute la posibilidad. Se discute si el emplazamiento del CASM es idóneo, y de no ser así, se busca uno nuevo. Se inaugura el centro de arte y se hace un concurso público para encontrar la persona más indicada para dirigirlo. Pero no, todo se ha realizado en la penumbra de los despachos y al calor de la rumorología. Mientras, parece que en lugar de sentarnos en una mesa donde discutir sobre cuestiones políticas, nos hemos fabricado un plató de tertulias cuyos contenidos son tan superficiales como los de la prensa rosa. Ni se nos trata como agentes culturales ni parece que nos percibamos como profesionales capaces de emitir un juicio a la altura de la circunstancia. Esta caótica situación inaugura un debate que no deberíamos olvidar, ¿Quiénes son o deberían de ser los interlocutores que transmitan las necesidades del sector a la Administración? En este caso hemos visto que se ha prescindido de cualquier persona que no estuviera estrechamente vinculada al cambio que se habría de orquestar. ¿No es el momento de dejar de dirigirnos a la administración pública tan sólo para pedir dinero y empezar a exigir complicidad?¿No es la producción de contexto un objetivo tan o incluso más importante que la producción de contenidos? Hemos dado un gran paso atrás viéndonos como generadores de contenidos que ya poco tienen que decir en el futuro de un tejido que sólo ha recibido incomprensión y respuestas con tono caritativo a sus demandas. Un proceso de domesticación que ya da frutos. Las políticas participativas sólo se guardan para lanzar propuestas que luego se transformarán en planes estratégicos cada vez más rancios y que construyen sobre lo construido sin analizar críticamente los cimientos.
El problema ni son las personas que danzan de un puesto a otro, ni la necesidad de unos recursos improvisados que cubran las más o menos inmediatas necesidades del sector. El verdadero problema es la puesta en práctica de políticas que públicamente declaran que van a instrumentalizar los recursos del sector cultural y que lo van a hacer sin previa consulta y sin atender a los debates que hace tiempo todos venimos desarrollando y que esto no reciba una respuesta firme en contra ni un análisis que fundamente lo degradante de la actual situación. No es muy lúcido decir en este momento el familiar y agrio “pues casi que nos lo merecemos” pero, sinceramente, dan muchas ganas.
on July 16th, 2008 at 11:47 am
del todo de acuerdo. dejemos los comentarios de bar y consensuemos posiciones.y respuestas coletivas.
on July 16th, 2008 at 10:28 pm
Bien, totalmente de acuerdo, pero más allá de presentar vuestra crítica aquí, y de que las asociaciones de artistas presenten cosas como éstas: http://www.aavc.net/aavc_net/html/modules.php?name=News&file=article&sid=268
¿qué tipo de respuesta eficaz podemos dar?
Si se niegan a establecer complicidad, ¿trabajar al margen?
A pesar de que sea una opción con la que personalmente me sienta cómoda, no es una solución, pero tampoco veo muy claras las opciones.
on July 17th, 2008 at 3:34 am
Muy de acuerdo con vuestro comentario. LLevamos un buen tiempo discutiendo sobre las necesidades del sector, pensando modelos, analizando posibilidades e intentando pensar qué sería útil para que las cosas funcionaran. Algo falla cuando todas estas discusiones se pierden en el vacío. La primera reacción es la de “algo hemos hecho mal” y es triste, pero la segunda reacción es peor, cuando ves que los responsables políticos prescinden directamente de tales discusiones. Creo que es un ejemplo claro de la falta de conocimiento de lo que realmente debería ser la política a día de hoy. Me parece inconcebible que no se escuchen ni valoren (sino al contrario, que se desacrediten) las líneas de debate constructivo existentes. La política no es pensar en el la legislatura sino trabajar a largo plazo en el momento que, supuestamente, toca definir estructuras.
La sensación es que no importa lo que hagan artistas, técnicos, gestores o quien sea que trabaje directamente, ya que las decisiones no parten del trabajo en sí ni de los debates en que los participantes del sector participan. Que ésto pueda pasar no es más que una demostración de la fragilidad del sector. Fragilidad en sus formas y contenidos, supongo. No estaría mal, de una vez por todas, dejarse de tonterías y rencillas varias para poder definir de un modo contundente, constructivo y lógico lo que pensamos que debería ser. La cosa no puede ir de “a ver si me cae algo” o de “que no me quiten nada”.
on July 18th, 2008 at 1:47 pm
yo creo que la opción pasa por, mostrar el malestar, desaprovar con criterio lo ocurrido (como buenamente se pueda o cada una crea pertinente) y agrupar la masa crítica, ya sea a través de una asociación o a través de uniones específicas para situaciones de este tipo. Y en eso estamos.
on July 18th, 2008 at 11:33 pm
[…] […]