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CRÓNICAS
GEORGE AND DRAGON
Si algo ha caracterizado las exposiciones acontecidas en el londinense ICA desde que lo dirige Jens Hoffman es la banalización total de todas y cada una de las cosas expuestas allí. Esta estupidización de las cosas tan propia de ciertos sectores del arte contemporáneo no resultaría molesta si con ella no viéramos aparecer aspectos ideológicos o políticos aflorar con la misma “naturalidad”(1) con las que emergen idioteces curatoriales o artisticas. La última de estas comedietas curatoriales que podemos visitar el ICA se llama "London in Six Easy Steps”(2) , y durante seis semanas se invitan a seis comisarias a realizar seis expo-instalaciones que reflejen la cultura londinense. Es fácil entender el contexto de esta muestra, en un momento en el que Londres ha quemado sus últimos cartuchos heredados del proceso de branding acontecido durante los 90. Cuando los YBAs(3), la Tate y el fallido Millenium Dome han dejado de atraer visitantes y de forma mas importante, en un momento en que ya se han llevado a cabo los planes estratégicos que permitían reurbanizar partes de la ciudad, Londres se tiene que mover para volver a atraer las miradas del mundo sobre sí misma, tiene que volver a movilizarse para atraer inversión extranjera. Por eso no es de extrañar las banderolas que hablan de un nuevo de Londres, desde un conglomerado de instituciones tanto públicas como privadas ya se está diseñando un nuevo “nuevo Londres”. Y es que parece que la promesa de unas olimpiadas no está resultando lo suficientemente jugosa como para incentivar un mercado que empieza a decaer y un sector político que ha empezado a darse cuenta que las cuentas de Gordon Brown puede que no sean tan boyantes como prometían hace tan solo uno o dos años. El filón de las olimpiadas a su vez se ha visto ensombrecido por los recientes atentados ocurridos en julio, por ello hay que ponerse a trabajar para mantener incentivado a tanto la demanda turística como el sector privado. Por ello una exposición que celebra Londres resulta sospechosamente oportuna y no sorprende en absoluto otra curiosa coincidencia, los colores de los trípticos de la muestra corresponden con los utilizados en los banderines colgados por el ayuntamiento por las calles de Londres.Pese a esto, todas sabemos que la cultura ha servido y sirve siempre fines políticos (Keynes y su mito de la política a un brazo de distancia...va a ser que no), pero si una sigue las expos dentro de este ciclo celebrado en el ICA, le resultará especialmente chirriante esta última titulada “The George and Dragon Public House”, a cargo de Gregor Muir con Richard Battye y Pablo Leon de la Barra.
El George and Dragon es un pub emblemático situado en Shoreditch, zona brutalmente gentrificada, que ha sido el corazón cultural de Londres durante toda la década de los 90. Antigua zona industrial ubicada en el eastend, hasta hace poco ha sido una zona conocida por su producción de muebles y por las empresas textiles que lo poblaban. Los artistas encontraron buenos refugios para sus necesidades y obras en los talleres y naves industriales que se encontraban en la zona y empezaron a instalarse en lo que antes era un barrio pauperrimizado y densamente poblado por comunidades de origen inmigrante. En gran medida los artistas ayudaron a revalorizar uno de los, ahora si, enclaves(4) mas caros y apetecibles de la ciudad. Shoreditch encarna lo que ahora se denominan “creative hubs” o nodos creativos de la ciudad, vemos entre tiendas de ropa de diseño, estudios de publicidad, de arquitectura, sellos discográficos y locales de moda. Este enclave es arquetípico en cuanto a su crecimiento y ha servido como referente para la re-urbanización de muchos otros enclaves y toda la “creatividad” que podemos ahora contratar en sus calles no resulta en momento alguno casual. Uno de los numerosos establecimientos que se sucumbieron a las necesidades y presiones de la zona es el ya mencionado “George and Dragon”, conocido por ser uno de los enclaves mas emblemáticos de toda la movida de los 90. Sus antiguos propietarios dejaron el local a mediados de los 80 cuando el barrio estaba pasando sus peores momentos y el negocio posible era escaso. En esos momentos pasó a ser un edificio okupado en el que se realizaron numerosos conciertos, encuentros, fiestas y toda una serie de actividades que lo pronto lo consagrarían como local emblemático y alternativo. A mediados de los 90 el edificio fue comprado y se le devolvió su antigua función de pub, pero ya se había ganado ciertos méritos, y todo indicaba que no sería un pub convencional. En su barra se han emborrachado gran parte de los artistas londinenses que han podido disfrutar de las excentricidades de su propietario, conocido travestí y agitador cultural. Y es que si por algo es conocido este Pub es por los espectáculos, en algunos casos espontáneos, de transformismo que asiduamente podían presenciarse, conocido también por albergar fiestas y excesos de la comunidad underground londinense. Tanto supone para la cultura londinense este pub que han decidio “expoliar” gran parte de su decoración y reubicarla en las blancas paredes del ICA, otra vez, parece que las tradiciones victorianas hacen estragos en la cultura británica.
En la sala se ha instalado una barra y una mesa de pinchadiscos y...durante una semana se han invitado a los habituales del bar a desfilar cual freakshow delante de las ávidas miradas de los espectadores culturales y sus gafas de pasta. Esta exotización (tan británica por cierto) hace del bar, de sus gentes y su espacio de disenso poco mas que un entretenimiento para turistas y pro-sumidores(5) culturales.
Esta fetichización de un enclave urbano no viene acompañada por ningún tipo de contextualización mas allá de un panel en el que se relata una narrativa al uso que habla de culturas underground, culturas de elite, lo popular y lo artístico. Con ello se olvida de forma explícita la transformación económica del barrio al cual pertenece el pub, las mutaciones de “clase”(6) impulsadas en el barrio, los planes de especulación y de regeneración urbana que han favorecido la creación de este barrio creativo y tantas otras variantes que a mi humilde entender, podrían resultar mucho mas interesantes para los espectadores.
En un aventurar pasajero imagino trasladar el Kentucky al MACBA intuyendo que tan solo a Rubén le parecería ventajoso el cambio por acercarlo unos minutos a su casa, puesto que le espectacularización de los sitios y la exotización de sus gentes aunque pueda resultar un divertimento y sin duda, algo muy atractivo para turistas tiene un trasfondo si no otra cosa, siniestro. Esta adulteración de las realidades sociales y su representación lejos de su contexto original tiene algo de “port-aventura”, leyendo el libreto de la expo encontramos: “esta muestra no es una recreación del George and Dragon, es una abstracción y traducción de los elementos que conforman la experiencia del G&D”, muy acorde con los fines que buscan los parques temáticos, ya que sin duda nadie espera encontrarse “el lejano oeste” en Tarragona, sino que cuando se va a un parque temático se espera encontrar tan solo eso, “la experiencia” de estar en el oeste. Y la verdad, antes de tener según tipo de experiencias prefiero quedarme en casa viendo el programa de Arús en el que ya se que el cinismo es una parte asidua del show...
__________________________________________________________________________________YP
1.Querido
Jaron, ¡nada es natural!!
2.Londres en seis simples pasos (...)
3.Young British Artists, nombre genérico con el que se designa
la generación de artistas que cuenta entre sus filas a gente
con los talentos de Tracey Emin, Damian Hirst, Sarah Luces etc.
4.Ver el articulo de David Panos “Creating Creative hubs”,
Mute nº28 2004.
5.Término acuñado por Davies y Ford para definir al
sector profesional de consumidores de arte, véase el texto
“Futuros del arte” en nuestra biblioteca. www.ypsite.net
6.Permiteme la concesión.
