Empezamos YP hace casi 10 años. Durante gran parte de este tiempo no hemos tenido muy claro hacia dónde íbamos o lo que terminaríamos haciendo, por lo que lejos de definir una trayectoria lineal, la actividad de YP ha caminado acompañada de tentativas, ensayos y errores, conversaciones, alguna resaca y muchos interrogantes. Ahora con cierto tiempo y distancia podemos decir que hemos tratado de aportar ideas, conceptos y herramientas para la elaboración de una economía política de la cultura [1].
Uno de nuestros objetivos ha sido analizar críticamente aquellas normativas, marcos ideológicos, discursos y protocolos que han condicionado y a día de hoy determinan las relaciones entre los diferentes actores que conforman la esfera cultural. Las relaciones de interdependencia y sus equilibrios, las relaciones de poder y sus desequilibrios, las relaciones laborales y su precarización; relaciones todas ellas tácitas o explícitas constituidas por elementos de dominación, subordinación y antagonismo. Y esas mismas relaciones son las que desde YP también hemos padecido, reproducido o intentando subvertir. En el fondo, nuestro propio proyecto nos ha llevado a analizar desde fuera lo que hemos padecido desde dentro, una ruta resbaladiza que en muchos momentos nos convertía en nuestras propias cobayas. En ese sentido, YP siempre ha constituido una suerte de prototipo en fase beta, un sistema que, en el fondo, nunca ha logrado estabilizarse. En algunos tramos hemos preferido caminar a tientas, en otros estábamos muy seguros de que seguíamos un trazado coherente y por momentos echábamos en falta una linterna en nuestra mochila. Los boyscouts, ya se sabe, somos gente versátil, pero de dudosa integridad. Hoy cerramos un capítulo que para nosotros ha sido muy importante: cerramos YProductions.
Los porqués son múltiples, pero hay uno que creemos expresa de manera clara la esencia de esta decisión: ya tocaba. Si uno de nuestros primeros proyectos públicos tenía como enunciado “Ya se veía venir” –algunos erais muy jóvenes y no lo recordaréis– nuestro mayor argumento ahora es un guiño inverso a ese eslogan. Y decimos “ya tocaba” porque nunca nos motivó la idea de montar una empresa cultural de largo recorrido, sino encontrar la manera de subsistir aportando recursos y energías a un ámbito que entendíamos huérfano de análisis. De esa necesidad nació nuestra faceta de empresarios, pero YP como empresa tenía fecha de caducidad desde su inicio, no venía marcada en el envoltorio, pero sabíamos que en algún momento, más pronto que tarde, tendríamos que tomar esta decisión. Tenemos claro que tan solo hemos contribuido ligeramente en la comprensión y análisis del área de investigación que hemos venido trabajando y que sin duda queda mucho trabajo por hacer. Aun así, en estos momentos tememos poder entrar en una inercia que emborrone el objetivo que nos hizo poner en marcha YP. No somos expertos en gestión ni en comunicación ni en producción pero nos gustaría pensar que sí se nos da bien investigar, que se nos da bien analizar un conjunto de variables que actúan simultáneamente y que para ello es preciso tomar distancia y tener tiempo. YP nos ha brindado buenos momentos y un contexto para hacerlo y, ya sólo por eso, ha merecido la pena esta experiencia.
Quienes ahora conformamos YP necesitamos oxigenarnos, necesitamos desarrollar proyectos de manera autónoma y empaparnos de nuevas experiencias. Posiblemente uno de los grandes problemas que siempre ha aquejado al proyecto es que hemos funcionado como un organismo muy cerrado, poco permeable. Esto ha dificultado el tránsito y la incorporación de más gente al equipo de trabajo. Con el tiempo hemos aprendido a colaborar con otros colectivos y agentes, pero la idiosincrasia del proyecto, nuestros caracteres huraños sumado a otros tantos factores han dificultado que YP se rejuveneciera por dentro o se tornara una entidad más plural. Esto ha contribuido a que no se diera un relevo en el equipo de trabajo o que el proyecto pudiera tener otro tipo de continuidad. Actualmente YP ya es un proyecto muy significado, corporativamente marcado y con un trabajo que, en mayor o menor medida, creemos que puede ser útil para otros y otras que quieran seguir alimentando ese área de investigación. Por eso pensamos que es bueno cerrar el ciclo, dar por terminada esta etapa y auto-otorgarnos la “libertad” de construir otros proyectos fuera del paraguas YP.
Estamos creando un archivo público con los proyectos que hemos realizado, así como las investigaciones y la biblioteca de textos que hemos ido produciendo. Los amigos de bookcamping.cc nos están ayudando en esta tarea de la que pronto daremos noticia [2]. Todo lo que hemos producido se podrá copiar, usar o desmentir (como hasta ahora). Consideramos que este es el resultado de nuestro trabajo y esperamos que sirva de contexto para futuras prácticas e investigaciones. Hoy se cierra la empresa, pero esperamos que el contexto crítico desarrollado en YP siga abierto a través del material producido.
De la misma manera que cuando uno coge la maleta busca convencerse de que no se ha dejado nada, cuando das por terminado un proyecto el instinto te lleva a intentar darle coherencia. Seguro que en los párrafos que siguen caeremos en el error de construir un relato compacto, pero de entrada la intención es cerrar el telón comentando algunas tensiones, ambivalencias y –por qué no– algunas cosas que creemos haber aprendido. Y lo haremos a la vieja usanza: por temas. Permitidnos pues acabar retomando cuatro temas que hemos analizado, temas que son tan nuestros como vuestros en tanto que contienen elementos que en mayor o menor medida todos y todas producimos a la vez que padecemos. Al final, añadimos un breve colorario para despedirnos como suelen hacer las personas. Hoy, como siempre, lo primero es la economía:


